Después de cruzar el Shannon

por Manuel Bermúdez Trujillo


¿Por qué palabras como éstas me parecen tan sosas y frías? ¿Es porque no hay una palabra tan tierna que sea capaz de ser tu nombre? .
James Joyce. Dublineses. Los muertos. (leer)

Así es manuel, pasan ya tres años completos. Casi algunos meses menos de los que tuve conciencia de tu presencia y me sigues mirando así, mano contra mano estrechadas, dedos ágiles y cuidados, mirada atenta y gesto paciente.

Hace fresco junto a los castaños de indias, el tilero y el haya esta tarde. ¿Qué te iba diciendo? Me contaron tus amigos recalcitrantes que, en tiempos, junto al maná, dormía todo un robledal, ¿imaginas?, y que la necesidad inmediata de agua, más la construcción de naves indianas lo devoraron hasta dejarnos este lugar para nosotros. Si, ya me explicaste cómo el tilero sobrevivió, a pesar vuestro, pequeño, enhiesto; cuidado por un borrachín que podría ser el mismísimo Freddy Malins. Supongo que lo habraś encontrado.

¿Por qué he tardado tanto en reconocerte? ¿Con qué clase de mirada tan poco certera he aseverado tu ausencia? ¿Tenía el corazón tan ocupado por la corriente? No supe ver a mi amigo paciente y raro. Vi por dos veces mi corazón y sus entresijos, y no encontraba más que visceras y miedo allí, desnudo. No podía advertir que me mirabas con la misma atención y paciencia que ahora.

Para cuando te marchaste inopinadamente a Oughterard y aun antes, casi sin tiempo te dí todo lo que supe para el viaje, te conté cómo yo le temía al cruce de las sediciosas aguas del Shannon, hacia el Oeste. Durante más de quinientos kilómetros me apresuré, y al llegar te vi sonriente, sereno y frío, Manuel. Por eso volviste durante unos instantes para darme unas instrucciones precisas sobre el amor y nuestra familia.

Tengo urgencia en contarte un secreto, todos los días me acompañas, quién mManuel, mi padree lo iba a decir! Y he resuelto el acertijo. Por esto encuentro la felicidad por momentos y cuando la pierdo no me entristece; huelo su regreso, sé que lo estoy haciendo bien, muy bien: mis hijos me miran ahora como yo a ti ahora. Existe una nueva realidad, es casi el detonante de mis sueños. Espera a conocerla sin prisas, habla italiano, como tú. Es bonita como la vida, un susurro como del aire entre las hojas del antiguo robledal.

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