1 ó 2, nunca una x
Mateo 5, 1-12
He tenido la suerte de escuchar, charlar y convivir en multiples ocasiones con estas personas: Evaristo Villar, Benjamin Forcano, Antonio Moreno, Esteban Tabares, Juan J. Tamayo
, Juan A. Estrada, José María Castillo, Ivone Gebara, Julio P. Pinillos, Manuel Collado, Enrique de Castro y tantísimas personas más. Considero que forman parte de mi. Yo soy lo que soy en gran medida por todas estas personas y aquellas otras, que desde un anonimato mayor viven a la sombra del buen árbol de los Evangelios.
Nombro a todas estas personas y se me quedan otros nombres en el olvido, como homenaje a su buen hacer, y como reconocimiento de que en tantas otras, su coherencia, empuje, actividad y honradez, son referentes. También porque a poco que se reconozcan estos nombres, los lectores sabrán unirlos a asociaciones de curas obreros, a cátedras de teología, a movimientos por la liberación de los pueblos, por la liberación de las mujeres en las sociedades y en la iglesia, a asociaciones de barrios, etc.
Yo mismo he formado parte de lo que ha dado en llamarse comunidades de base, y sigo identificándome con ellas en tanto que me involucro en los
movimientos sociales, en la persecución de la justicia para los más débiles y en un sentido de la ética, humanístico y evangélico en gran medida, pese a haber perdido el sentido trascendente de lo religioso con convicción. Por esta convivencia de años y por el seguimiento de su quehacer puedo decir que conozco íntimamente su capacidad organizativa, de gestión, administrativa, formativa y puedo asegurar que no les hace falta ninguna x en la declaración de hacienda.
Ellos, los cristianos de base, son los más interesados en la laicidad de la sociedad, en la aconfesionalidad del estado, en que los acuerdos estado – Santa Sede se extingan, en que desaparezcan los símbolos religiosos de las escuelas y organismos estatales, autonómicos y locales, en que la religión no sea una asignatura académica y se mejore la de educación para la ciudadanía. Alguno se sorprendería aún al constatar cuántos valores cívicos se desprenden del evangelio.
Todas estas personas y los miles que no se nombran están tras todas las mejoras sociales, de igualdad de sexo, de enfrentamiento con la violencia de género, de compromiso con la homosexualidad, de asistencia y promoción de los inmigrantes, del desarrollo rural, de la mejora de barrios, de la convivencia cívica entre las personas que los habitan. Desde la atalaya que les da su credibilidad hacen teología de nivel, teología encarnada en la persona, teología para la vida y para vivir mejor. Muchas han saltado a la política y a los sindicatos, incluso algunos de estos han sido fundados por ellas. La mayoría ha optado por seguir el compromiso social, político y familiar. Es inimaginable el papel que tantísimas mujeres han jugado y juegan en estos territorios.
Para la celebración de su fe practican su humildad, el pan sabe a pan y el vino a vino, pocas veces preside una persona y el evangelio suena con voz femenina. Ellos no se han sustraído del matiz que la mujer aporta y por eso son mejores personas.
Les invito a conocerlos, a conocer su actividad, a dejarse interrogar por su palabra, acción y coherencia.