No tiene precio la Vida
Hay pocas ocasiones en que la vida no está preñada de aristas, momentos en que todo es afable y sientes el regalo, la gratuidad honda, el agradecimiento. Ese instante en que verificas, en otro diapasón, que la vida no vale nada porque es Vida con mayúsculas, no tiene precio, estás en el ojo de su huracán.
Mis dos amigas Lola y Norah han traído a nuestro mundo a Maya.
¿Ven? Un nuevo círculo se ha cerrado. Esto es así. No le den más vueltas. Les gustará o no. Sentirán placer, envidia, angustia, confusión, verguenza, ira. Pero sólo es que el mundo gira. ¡E pur si muove! Bendito sea dios.
Cuando vivía en Sevilla, me producía gran placer visitar el Parque del Alamillo e identificaba fácilmente el porqué de ese placer: el mestizaje. Ver desenvolverse sobre llanuras y lomas suaves, cuidadas y sembradas de árboles mediterráneos, traidos de aquí y allá, de todos los lugares de Andalucía. Ver desenvolverse, decía, una multitud de personas distraídas, multicolor en sus ropas, razas, edades, géneros y orientación sexual: bebés, ancianos, jóvenes, adolescentes, amantes en prácticas, matrimonios, parejas de cualquier tipo (incluídas los guardas del lugar), haciendo y diciendo cada cual lo que le venía en gana. A menudo encontraba a gente practicando tai chí, a monjes tibetanos de visitas en la capital, haciendo sus oraciones arropados por multitud de curiosos, católicos en día de convivencia parroquial, evangélicos en día de convivencia cultual, cristianos de base en día de convivencia-reflexión socio-político-religiosa. Me encontraba a veces a grupos políticos de distinta índole (yo diría que siempre en la izquierda del arco) en día de asueto. En días así, donde las ardillas intimaban más por obligación, pensaba para mí que negar la evidencia y valorarla moralmente es, no sólo una pérdida de tiempo, sino insano. Nuestro mundo, a dios gracias, desde hace algún tiempo se ha vuelto mestizo y desde entonces es más rico.
Me preguntas qué tiene que ver la historia de Lola, Norah y Maya en todo esto. Es que forma parte del mestizaje, verás.
Existen personas a las que se les inflama los carrillos y labios, como si se hubieran tirado en caída libre desde la cumbre del Naranjo de Bulnes, cuando aseveran: la familia tradicional es el átomo de la sociedad. Seguido de la lapidaria frase: la familia se ha roto, ergo la sociedad está corrupta. Me pregunto de quién ha nacido esta nueva sociedad mestiza, donde no todo son inmigrantes y donde los inmigrantes forman familias con los nativos del lugar. Me pregunto qué se gana viviendo en el pasado, aferrándose a él como si fuera todo lo que existe porque el resto sólo es ira.
De aquellos lodos estos barros, monta tanto. Tiene que caerse mucho en la imbecilidad (RAE: de imbecillis – lat. Adj. Alelado, escaso de razón. U. t. c. s.) para no ver la evolución que ellos mismos fomentaron con su obra o por falta de la misma. Más allá, hay que caer mucho en la estupidez (RAE: de stupidus – lat. Adj. Necio, falto de inteligencia. U. t. c. s.) para no mirar límpiamente la realidad y más allá de los deseos, aprehenderla. ¿Dónde la maldad, dónde el error? ¿Qué dios chiquitito, pequeñito y cabroncete nos castigará?
Lola y Norah son mujer y mujer (civilmente digo) y madres de Maya, la felicidad que alienta a las tres nos alienta a sus familiares y amigos. La alegría de hija y madres es redondita, suave. Un regalo sin aristas de la Vida.