El sentido.
Hoy el mayor de mis hijos cumple veinticuatro años. Debo decir que de estos veinticuatro años, diecinueve, el miedo me ha atenazado más de lo que debiera. Cuando a mi me criaron y durante los años en que vi criar jamás descubrí que una de las dos claves para crear-criar hijos era la confianza. ¡He llegado tarde a tantas cosas! Por esto, además, he pedido y aún sigo haciéndolo, tantas veces, perdón, perdón.
Siempre pensé, hace veinticuatro años tenía yo veintitrés, que mi relación con los hijos sería una maravilla durante su infancia, que luego llegarían los momentos difíciles y el desencuentro, para entrada la juventud convertirse todo en un desconocimiento lamentable. Sin embargo nada ha sido tal como yo lo hubiera firmado y desde luego, para mi el balance ha sido, a pesar de los pesares más positivo.
Dice un amigo de quien estos días atrás escribí algo que se sentía alagado por mis palabras, que él estimaba excesivas. Ahora que lo miro, de las tres categorías en que divido el blog, aquellos escritos que defino como íntimos son el 50%. ¿Seré un exibicionista? soy un exibicionista, ¿y bien? sin embargo, mientras escribo y si alguna vez releo, estoy sólo; en medio de esa soledad de la que siempre he disfrutado tanto, esa querida, elegida, necesaria soledad tan crítica que la mayor de las concurrencias no hiere.
Tengo mucho, bien identificado, doloroso de lo que arrepentirme como padre. Mucho también de lo que escandalizarme como esposo-padre-hombre-arquetipo/cliché urgido a comportarme como tal. Mi experiencia personal, individual, es sin embargo más gratificante. Sin urgencias de nadie, por mis propios impulsos y sóla mi relación padre-hijo siempre ha sido maravillosa. Eso es lo que no he sabido hacer extensivo a aquellas situaciones en las que mi sentido común se debiera haber impuesto, a veces abstraído.
Tengo dos hijos y hoy es el cumpleaños de uno, del mayor. Siempre fue mejor hijo que yo padre. Pero coincidirás conmigo que estos 10 últimos y terribles años han hecho milagros. Yo descubrí a mi padre en sus últimos 10 años, en los últimos 10 años he descubierto a mi hijo - que no es lo mismo -. Al cabo de todo este tiempo puedo decirme que con y sin mi concurso mi hijo es lo que anhelo. Un hombre bueno, que busca su lugar en el mundo, razonable y crítico, inteligente y divertido.
Los hijos en la medida en que se hacen personas también hacen a sus padres. Gracias Pablo.
Felicidades por la vida que vives desde hace veinticuatro años.
