cartas de manuel

"Me entusiasmo cada vez que recibo tus cartas, pues me infunden esperanza, porque ya no prometen, sino que responden de ti". (L. A. Séneca)

Etiqueta: Padre

El sentido.


Hoy el mayor de mis hijos cumple veinticuatro años. Debo decir que de estos veinticuatro años, diecinueve, el miedo me ha atenazado más de lo que debiera. Cuando a mi me criaron y durante los años en que vi criar jamás descubrí que una de las dos claves para crear-criar hijos era la confianza. ¡He llegado tarde a tantas cosas! Por esto, además, he pedido y aún sigo haciéndolo, tantas veces, perdón, perdón.

Siempre pensé, hace veinticuatro años tenía yo veintitrés, que mi relación con los hijos sería una maravilla durante su infancia, que luego llegarían los momentos difíciles y el desencuentro, para entrada la juventud convertirse todo en un desconocimiento lamentable. Sin embargo nada ha sido tal como yo lo hubiera firmado y desde luego, para mi el balance ha sido, a pesar de los pesares más positivo.

Dice un amigo de quien estos días atrás escribí algo que se sentía alagado por mis palabras, que él estimaba excesivas. Ahora que lo miro, de las tres categorías en que divido el blog, aquellos escritos que defino como íntimos son el 50%. ¿Seré un exibicionista? soy un exibicionista, ¿y bien? sin embargo, mientras escribo y si alguna vez releo, estoy sólo; en medio de esa soledad de la que siempre he disfrutado tanto, esa querida, elegida, necesaria soledad tan crítica que la mayor de las concurrencias no hiere.

Tengo mucho, bien identificado, doloroso de lo que arrepentirme como padre. Mucho también de lo que escandalizarme como esposo-padre-hombre-arquetipo/cliché urgido a comportarme como tal. Mi experiencia personal, individual, es sin embargo más gratificante. Sin urgencias de nadie, por mis propios impulsos y sóla mi relación padre-hijo siempre ha sido maravillosa. Eso es lo que no he sabido hacer extensivo a aquellas situaciones en las que mi sentido común se debiera haber impuesto, a veces abstraído.

Tengo dos hijos y hoy es el cumpleaños de uno, del mayor. Siempre fue mejor hijo que yo padre. Pero coincidirás conmigo que estos 10 últimos y terribles años han hecho milagros. Yo descubrí a mi padre en sus últimos 10 años, en los últimos 10 años he descubierto a mi hijo -  que no es lo mismo -. Al cabo de todo este tiempo puedo decirme que con y sin mi concurso mi hijo es lo que anhelo. Un hombre bueno, que busca su lugar en el mundo, razonable y crítico, inteligente y divertido.

Los hijos en la medida en que se hacen personas también hacen a sus padres. Gracias Pablo.

Felicidades por la vida que vives desde hace veinticuatro años.

Después de cruzar el Shannon


¿Por qué palabras como éstas me parecen tan sosas y frías? ¿Es porque no hay una palabra tan tierna que sea capaz de ser tu nombre? .
James Joyce. Dublineses. Los muertos. (leer)

Así es manuel, pasan ya tres años completos. Casi algunos meses menos de los que tuve conciencia de tu presencia y me sigues mirando así, mano contra mano estrechadas, dedos ágiles y cuidados, mirada atenta y gesto paciente.

Hace fresco junto a los castaños de indias, el tilero y el haya esta tarde. ¿Qué te iba diciendo? Me contaron tus amigos recalcitrantes que, en tiempos, junto al maná, dormía todo un robledal, ¿imaginas?, y que la necesidad inmediata de agua, más la construcción de naves indianas lo devoraron hasta dejarnos este lugar para nosotros. Si, ya me explicaste cómo el tilero sobrevivió, a pesar vuestro, pequeño, enhiesto; cuidado por un borrachín que podría ser el mismísimo Freddy Malins. Supongo que lo habraś encontrado.

¿Por qué he tardado tanto en reconocerte? ¿Con qué clase de mirada tan poco certera he aseverado tu ausencia? ¿Tenía el corazón tan ocupado por la corriente? No supe ver a mi amigo paciente y raro. Vi por dos veces mi corazón y sus entresijos, y no encontraba más que visceras y miedo allí, desnudo. No podía advertir que me mirabas con la misma atención y paciencia que ahora.

Para cuando te marchaste inopinadamente a Oughterard y aun antes, casi sin tiempo te dí todo lo que supe para el viaje, te conté cómo yo le temía al cruce de las sediciosas aguas del Shannon, hacia el Oeste. Durante más de quinientos kilómetros me apresuré, y al llegar te vi sonriente, sereno y frío, Manuel. Por eso volviste durante unos instantes para darme unas instrucciones precisas sobre el amor y nuestra familia.

Tengo urgencia en contarte un secreto, todos los días me acompañas, quién mManuel, mi padree lo iba a decir! Y he resuelto el acertijo. Por esto encuentro la felicidad por momentos y cuando la pierdo no me entristece; huelo su regreso, sé que lo estoy haciendo bien, muy bien: mis hijos me miran ahora como yo a ti ahora. Existe una nueva realidad, es casi el detonante de mis sueños. Espera a conocerla sin prisas, habla italiano, como tú. Es bonita como la vida, un susurro como del aire entre las hojas del antiguo robledal.

Compartir:   Bookmark and Share

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 218 seguidores

%d bloggers like this: